Mi?rcoles, 26 de marzo de 2014

[1] Confieso que estaba allanada esta cuestión cuando nos reunimos con Oded Balabam, su esposa y Aída Aisenson Kogan en cierta pizzería de la Av. Corrientes.

La noche estaba fresca, soplaba una brisa suave del sudoeste, Aída celebraba la interpretación de un concierto del que venían cuando nos encontramos en la céntrica avenida porteña sentados en una mesa del fondo de la pizzería Banchero. Cuando promediábamos la mozzarela con tomates pregunté a los tres qué es el ente.

Oded me dijo que la explicación aristotélica era un artificio porque se basaba en un método dudoso.

¿Cómo es esto? Me explicó que la táctica de trepar de lo particular, la especie, luego por la vía del género hasta llegar al ente como techo (lo más general) es una maniobra que requiere ir despojando a cada elemento de sus diferencias para atender únicamente las similitudes.

Cuando digo que las hormigas son insectos antes debo eliminar todas las diferencias entre los artrópodos (las cucarachas, las moscas, las langostas, las libélulas; todos insectos que sin embargo, no son hormigas) y esto es lo mismo que trepar una escalera para llegar a una manzana que está en el extremo superior e ir podando los peldaños a medida que subimos, lo que impedirá después bajar cuando allá arriba, en el extremo, en vez de encontrar el ansiado ente nos hallemos con nada a fuerza de restar elementos para dar el próximo paso en la cadena de abstracciones. 

¿Se comprende esto?

Para abstraer, resto las diferencias y sumo los parecidos, pero los objetos a los que someto a estas amputaciones simbólicas están hechos tanto de sus igualdades como de sus diferencias, las que no  puedo ignorar o apartar sin desnaturalizar el ente. Vayamos al mismo ejemplo de siempre, siendo como soy idealista subjetivista berkeleiano, me refiero a mí. Supongamos que partiera usted, adorable lectora, ínclito lector, del ente Alejandro Bovino e inmediatamente decidiera “subir” un grado de abstracción al escalón de “seres humanos de origen correntino”, antes necesitará olvidarse que soy alto (mido 1,84), delgado, inquieto, olvidadizo, hijo de doña María y de don Próspero, algo mentiroso, exagerado, proclive a las manías inútiles, con un aracnoidoma que secuestró ¼ de sesos, que fui criado por monjas y tengo pesadillas en las que me persiguen agentes impositivos. El resto de los “seres humanos de origen correntino” no padecen estas cualidades y para incluirme en ese grupo usted tiene que olvidar todas esas propiedades (accidentes) y tener en cuenta solamente las notas que comparto con el resto de “seres humanos de origen correntino”, tener dos ojos, cuatro extremidades, un esqueleto, y haber  nacido en la ciudad de Corrientes.

Supongamos ahora que estando dentro de ese escalón de la clase “seres humanos de origen correntino” quisiésemos subir un grado más de abstracción al de “seres humanos”, tendremos que olvidar que los correntinos hablamos con ll, somos bastante inconscientes, propensos al ocio, despreocupados e indolentes. Olvidemos todo eso que no compartimos con el próximo grupo, el de “seres humanos”, pero no olvidemos que para subir, antes necesitamos negar cualidades que nos hacen diferentes, y así llegamos al nivel de “seres humanos” pero entusiasmados con el ascenso decidimos subir al próximo nivel de abstracción, el de “seres vivos”, y para poder incluirnos antes debemos olvidar  las diferencias que tenemos con animales (adiós la cualidad  racional, el lenguaje y la capacidad simbólica) y plantas (dejando de lado el ser semovientes, comer para vivir, respiración de oxígeno) y de este modo arribamos al nivel más general de “seres vivos” (o biológicos) que ahora habrá que diferenciar de los seres inanimados (obviemos el nacimiento, reproducción y muerte) para llegar al último nivel de “seres” y ahora que arribamos a la cumbre ¿qué nos queda entre las manos? Habiendo despojados uno a uno los miles de atributos de la sustancia nada quedó, ¿qué hallamos en la cima?

¿Acaso asimos al huidizo “ser” o descubrimos que el ser es la nada, que no tenemos nada? Otros espíritus más sagaces encontraron a Dios en dicha cumbre del pensamiento, de ese modo Dios vendría a ser el Ser de seres, la seridad  hipostasiada, el modelo acabado de ser pero entonces ya salimos del terreno de la ontología para cruzar a las fértiles landas de la teología.      


Publicado por talomac @ 12:36
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