miércoles, 10 de febrero de 2010

                                                      CAPÍTULO  III  (fragmento)


¿Hay mayor prueba de la existencia de Dios que lapresencia de esta belleza?, exclama y proclama el abad tendiéndome los brazoscomo un marchante que toma el lienzo del cielo y lo despliega para ofrecérseloen subasta al mejor postor.

Usted debe ser un hombre dividido, observo. Calla elabad. Sabe que de mí no se puede fiar. Porque la historia es hechura dehombres, prosigo. Y como toda obra humana, siempre le ha dado la espalda a lanaturaleza que usted tanto admira.

La dualidad es parte de la naturaleza humana, musitaapenas monseñor.

Si es naturaleza, no es humana.

El hombre es un ser natural, S.M. atina a decir, casidisculpándose. Teme al poder por el poder del temor, monseñor. Lo veo ponersetenso, imantado, duda hasta de su índice derecho que pasea por las aletas de lanariz mientras menea levemente la cabeza.

Un ser natural que reniega de la naturaleza haciendodistintas historias con distintos pueblos. ¿La cultura también es una obranatural?.

Vuelta al silencio. Monseñor escruta el cielo. Quierever la boca de la trampa en la que está encerrado por voluntad de Dios.

No existe tal naturaleza humana según creo, continúo,apaciguando el tono. La naturaleza del francés tiende a la razón, según decían.Y sin embargo, ningún gascón se escandalizó cuando Maximilian Robespierre lesrebanaba las cabezas en el patíbulo político. ¿Adónde estaba la naturalezaracional del francés durante los años del Terror?. En cuanto a la naturalezaespañola, que se ha jactado de hidalguía y honor, ya ve lo que ha conseguido elministro Manuel Godoy, el "Príncipe de la Paz" vendiendo nuestra soberanía por un gajode naranjas al Corso. No hablemos de la naturaleza germana de la exactitudmetódica: han iniciado prácticamente todas las guerras de Europa y no hanganado una sola batalla.

Avanza hacia el puente monseñor; está sumando espaciopara asestar su golpe. Tal vez los pueblos tengan el carácter de los líderes, ycambien con ellos, S.M., replica.

Sé perfectamente que está pensando en el Corso: unhombre insignificante elevado desde los bajos fondos de la historia a lacategoría de un semidiós. Pero el abad no muestra esa carta. Atenúa lasonoridad cuando pronuncia "líderes" y agrega esa calidad plural deltérmino para acentuar su inocencia. Astuto el benedictino. Si acepto elargumento me quedo sin argumentos. Si niego el liderazgo me estrello contra eltestimonio vivo del Corso flotando como miasma sobre las mismas aguas que seránsu perdición: únicamente es rey de tierras, el Corso; ya vendrán los corsariosdel mar con Inglaterra a la cabeza a disputarle sus terrenos a fuerza decañonazos. Quien reina el mar es dueño del mundo y la flota francesa hechahilachas no alcanza para jugar en una piscina. Sin mar, no hay sino mal.

La historia, dice el eximio, es un barro dócil quemodelan las manos de algunos individuos elegidos.

El individuo es otro mito, abad. Un espejismo paridoen el Renacimiento, acunado por los reformistas y que terminará en elreformatorio. Aunque ahora lo haya adoptado momentáneamente la canaillefrancesa: es sabido que de la masa uno sólo puede salvarse con el apellido. Ya quedará huérfano de nuevo, la masajamás tuvo lealtad con sus parientes.


 

by alejandro maciel.


Fragmento de la novela "El Rey prófugo", editada en portugués "Diários de um rei exillado", Edi. Landmark, Sao Paulo, 2005.


Tags: Joao VIº, Rey prófugo, alejandro maciel, naturaleza humana, Diários de um rei exilado, João VIº rey de Brasil, Conde de Linhares

Publicado por talomac @ 17:15
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