lunes, 27 de julio de 2009

LA TELEVISIÓN
 

QUE NOS CAMBIA 




EL  MUNDO  DE  LA   REALIDAD

 

Desde que apareciera en el horizonte de la vida cotidiana, allá por la década del ’60 del pasado siglo, la televisión cambió la vida humana, pero no termina allí, según Giovanni Sartori (en el libro “Homo videns&rdquoGuiño cambió también la esencia del aprendizaje humano.

Vayamos por parte. Nuestra civilización ha sido formada por la escritura (y la lectura consecuente) y toda la transmisión del saber históricamente se hizo en base a la lectura, por eso tuvieron tan fuerte arraigo los monoteísmos: eran las “religiones de libros” frente al resto de las creencias y prácticas que no tenían un registro canónico como la Torá del judaísmo, la Biblia cristiana o el Corán del Islam. Si  surgía alguna duda entre los paganos, se resolvía en base a opiniones de magistrados o sacerdotes, la doctrina era más o menos nebulosa y nadie tenía seguridad de nada en materia teológica entre los antiguos griegos, o los parsis, por ejemplo. Por esa razón nunca cayeron en el fanatismo suicida que hoy golpea a Oriente y en el pasado azotó a la cristiandad hasta que prevaleció la cordura y se acabaron las persecuciones religiosas con el Edicto de Nantes. Pero la fuerza de la escritura ha sido un molde para el Occidente y la forma más eficiente de propiciar el conocimiento, la enseñanza y el aprendizaje.

El sistema cognitivo humano (es decir aquellas funciones que nos permiten conocer la realidad) está conformado por complicadas estructuras en las que prevalece siempre el nivel simbólico y domina la abstracción.

¿Qué es esto? No se asuste, querida lectora, cauto lector.  Abstracción es la capacidad de pensar sin tener objetos materiales delante. Si yo le digo, por ejemplo, “elefante” usted puede pensar en un animal de gran tamaño, mamífero, cuadrúpedo, cuyo hábitat es África y parte de Asia. No necesita ver un elefante real para saber porque tiene el concepto de elefante en mente. Esto es posible porque usted puede abstraer, puede pensar por medio de símbolos y conceptos. Esta capacidad se refuerza con la lectura ya que cuando usted lee solamente está reproduciendo lenguaje, si estudia el aparato digestivo, no necesita abrir un cadáver  y ver, palpar y pesar un estómago ya que con los datos que le va dando la lectura se puede hacer una idea bastante aproximada (si el autor es lo suficientemente sólido) usando solamente un instrumento que conoce desde que empezó a caminar: el lenguaje. Este lenguaje es el transmisor de la cultura desde los tiempos en que nació la escritura, es decir, al menos 3000 años antes de Cristo. El progresivo entrenamiento de la lectura agudiza sus capacidades intelectuales, mejora la posibilidad de imaginar (es decir crear imágenes a partir de descripciones), de crear (es decir, de inventar nuevas formas a partir de elementos ya conocidos) y de sentir emoción cuando lee un texto literario, por ejemplo una novela o una poesía. Imaginación, creatividad y afectos se integran a la idea de lo que está leyendo y esto genera una progresión en su propia formación, le va dando nuevos datos sobre usted mismo, sobre los demás y sobre la realidad. Por eso la lectura es irreemplazable como instrumento de aprendizaje, todos los medios accesorios (T.V. videos, láminas, audio) pueden colaborar en el proceso de enseñanza/aprendizaje pero ninguno de ellos ni todos ellos juntos pueden reemplazar la lectura.

Pero sucede que desde que la TV irrumpió en nuestras vidas, este fenómeno se distorsionó. Primero, porque ahora los niños aprenden a recibir imágenes antes de empezar a leer y escribir, esto los educa en un sentido inmediato, visual, concreto. Este pensamiento inmediato pasa por alto la abstracción, no necesita de ella pero tampoco rinde muchos resultados porque inmediatamente genera la peligrosa adicción de ver imágenes que se suceden sin sentido como en un video-clip. La generación de los “hijos de la TV” (nuestros adolescentes actuales) tiene serias dificultades para el pensamiento abstracto, les cuesta pensar en la justicia, necesitan ver la estatua con la balanza y los ojos cegados, o un juez togado dictando sentencia, o la cárcel que es su consecuencia, necesitan imperiosamente “ver” algo tangible porque la idea de justicia, como todos sabemos, está en la mente, no existe en la realidad donde sólo hay actos concretos de justicia o procesos judiciales. Y usted me dirá ¿y para qué necesitan tener pensamiento abstracto? Y le respondo, mi querida lectora, amable lector: es imprescindible para pensar, sin abstracción no hay pensamiento y vamos de nuevo hacia las bestias recorriendo el camino inverso que hicimos al salir de las cavernas y convertirnos en personas con una historia detrás y un porvenir adelante.

Esta anomalía no se combate destruyendo televisores, se combate fomentando la lectura desde los primeros niveles. Una vez formado el hábito del lector, no hay TV que valga a la hora de elegir. La TV está presente desde hace casi un siglo y sin embargo, las editoriales venden cada vez más y más libros.

 

Alejandro Maciel

 

 

 


Tags: Televisión, inteligencia, aprendizaje, educación, incentivo de la lectura, cognitivo y lectura

Publicado por talomac @ 21:15
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