domingo, 30 de noviembre de 2008

*
*
*

LOS SUEÑOS, SEGÚN LOS CLÁSICOS

*

*
(Fragmento de "Los sueños de la eternidad")


*
*
*
Para los espartanos ajenos a la espiritualidad, los sueños eran hechos tan objetivos como las batallas. Los sueños “los visitaban” no eran algo propio, y esta audiencia no siempre se anunciaba con claridad dependiendo de la puerta que el sueño había escogido según Homero. Si los sueños entraban por la puerta de marfil eran confusos y triviales; si abrían la puerta de cuerno eran claros mensajes que convenía atender.

¿Por qué en la Antigüedad sólo soñaban reyes, príncipes y dignatarios?, nos preguntamos leyendo las obras literarias y estamos en un error, no es que los reyes hayan tenido cautivos a los sueños sino que únicamente se registraban por escrito los sueños políticos y Artemidoro, Sinesio y Macrobio no podían recopilar los sueños de toda la Hélade, bastante tenían con las pesadillas de los Atridas que cada noche se acostaban a sumarle trabajos.

El escritor Sinecio de Cirene fue obispo cristiano y redactó su Peri Enhypnion en una noche siguiendo una orden de Dios que escuchó mientras dormía. En su opinión, deberíamos aplicarnos a escribir nocturnarios con el relato de los sueños en vez de los ridículos diarios donde se describen las trivialidades de la vigilia. Aunque fuera obispo cristiano, Sinesio asegura que los sueños vienen del alma que contiene en sí el futuro tanto como el pasado siendo eterna como es; a través de la reminiscencia, conmina, podemos llegar hasta los días de Sócrates porque cada alma estuvo allí si es eterna.

A través de los sueños puede anticipar el futuro donde también estuvo antes que en el cuerpo que bañamos, alimentamos y adornamos frente al espejo ignorando que toda la utilería que usamos no son más que nuestros pobres recursos para enmascarar la muerte que lo espera. El único ajuar que correspondería ofrecerle, dice Sinesio, es la mortaja, pero tampoco es cuestión de seguirlo al pie de la letra e ir vestido con un vulgar sudario al cine y mucho menos al templo comercial del shopping.

Siguiendo a Artemidoro en su Onirocritica  el obispo analiza los sueños guiado por la semiología médica: anamnesis, catapnesia y epicrisis los mismos pasos que hoy seguimos todos los médicos al escribir en la historia clínica.

Siendo revelaciones divinas los sueños necesitan ser analizados usando de ciertos criterios; mientras el numen aparezca en el sueño con su aspecto y atributos habituales asegura su buena fe pero cualquier cambio o disfraz debe ponernos sospechosos: si, por ejemplo, soñara que Santa Catalina de Alejandría se me apareciese en sueños en ropa de playa y tomando una Coca-Cola en vez de vestir la túnica griega y pegada a la rueda del martirio, debe inducirme a desconfiar del mensaje cifrado que me entrega. Obviamente es una impostora indecente y no la santa alejandrina quien se entrometió en mi descanso merecido después del arduo trabajo diario. Va más lejos el ínclito Sinesio: nos previene avisándonos que todo sueño debe interpretarse en función del porvenir y que muchas veces el dios que lo anima (o el santo, virgen o ángel)  se presenta pars pro toto únicamente a través de sus atributos, es decir,  puede que usted soñare una de estas noches con un lirio que le habla.

Sepa que por la extraña metonimia de los sueños ha recibido un mensaje del mismísimo arcángel Gabriel que en toda la iconografía no parece haber cultivado otra cosa que lirios blancos.     

(continúa) by alejandro maciel 2008


Tags: Sueños en Antigüedad, Artemidoro, Alejandro Maciel sueños, Sinecio de Sirene

Publicado por Desconocido @ 16:56
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios