La casa de la rosa plateada
(In memorian: a Marta Quiles, con quien pensamos esta obra)
Prefacio al director
Esta «Casa de la rosa plateada» conforma la primera parte de un ciclo de tres, cada una de ellas una obra independiente y todas formando parte de un concepto de la puesta en escena como puesta en ámbito de las complejidades de la región geográfica con los tres idiomas del área en la que se desarrolla la acción. El espacio ficticio-espacio escénico configura una topología simbólica donde se desplazan los mundos correntino, paraguayo y afro-brasileño. Frente a frente dos formas de vida: la desprejuiciada vida dionisíaca del Brasil dialogando con el acerado virtuosismo criollo patriarcal. El escenario se transforma en un campo de análisis para cuestionar en profundidad el valor de normas y convenciones sociales persiguiendo la felicidad humana. Las ideas se entrecruzan con los idiomas: el guaraní, el español y el portugués dialogan en un momento de la obra según los personajes y sus procedencias.
Marco histórico
Hacia los años de 1670-1680 se viven climas de tumultos políticos en la provincia de Corrientes (Argentina). El 4-4-1763 tropas del ejército apoyadas por el descontento popular deponen a un gobierno autocrático para erigir el primer gobierno popular en Corrientes. Es la Revolución de los Comuneros, espejo de la de Asunción y uno de los antecedentes de la Revolución de Mayo. La acción de la obra se desarrolla en Ituzaingó, provincia de Corrientes frente a Pilar (Paraguay) y cerca de la frontera con Brasil que en ese tiempo aún no estaba muy bien delimitada.
Toda la obra está llena de música sin ser una comedia musical. Temas cantados, instrumentales donde predominan ritmos afrobrasileros y danzas que, lejos de ser un elemento complementario, es el elemento identificador para algunos personajes, como el de Aparecida.
PERSONAJES
SAN RAMÓN NONATO, sólo el rostro del actor; el actor puede cumplir después otros papeles.
SANTA ISABEL, sólo el rostro de la actriz; la actriz puede cumplir después otros papeles.
ANGÉLICA ASUNCIÓN QUINTERO, mujer de 40 a 50 años, correntina, vive en San Cosme, cerca de Corrientes.
ÁGUEDA DEL SAGRADO CORAZÓN, adolescente 15-17 años.
Nuncio oficial, el actor puede cumplir después otros papeles.
MANUEL VENTURA, esposo de Angélica, correntino 40 a 50 años.
EGIDIA PONSILLO, paraguaya, vecina de Angélica, habla guaraní solamente aunque entiende el español.
ILUMINADA RIQUELME, madama de un lupanar de Livramento (Brasil) habla portugués, 50-60 años.
Cónsul 1 de Iluminada, negro o mulato habla portugués.
Cónsul 2 de Iluminada, ídem habla portugués.
APARECIDA DEL MAR, doncella, debe saber bailar.
Putas del cortejo de Iluminada, hablan portugués.
LIBORIA, vecina de Angélica, 50 años.
GAVINA, vecina de Angélica, 50 años.
Ambientación
La obra puede ser funcional; las distintas ambientaciones serán sugeridas con el mínimo de elementos móviles: una mesa y tres sillas bastan para armar un comedor. Los elementos se irán quitando y agregando a medida que entran y salen los mismos personajes. Uno trae una silla, otros dos la mesa, y se van llevando los elementos cuando hacen sus salidas previas al cambio de ámbito. Todo con mucha agilidad.
ArribaAbajoPreludio
Angélica está arrodillada rezando frente a una mesita con imágenes, flores y velas en el centro de la escena. En proscenio, en cada lateral hay practicables con las figuras de San Ramón pintada dejando un hueco para la cara del actor y en el otro el de Santa Isabel que permanecen en penumbras hasta que intervienen. Al inicio a toda orquesta el ¡Aleluia! Del «Mesías» de Haendel que empieza a decrecer mientras la luz gana espacio y se ve a Angélica encendiendo las velas y después arrodillándose, en camisón blanco y largo, de época.
ANGÉLICA.-
[...] así como nosotros perdonamos
A nuestros deudores
Y no nos dejes caer [...]
(Se queda callada, cambia el tono de la plegaria a uno coloquial.)
Aquí, entre nosotros mi Dios quiero preguntarte: ¿por qué no puedo tener un hijo o una hija? Yo no soy una sargenta como doña Aparicia que tiene al marido saltando como soldado. No hablo mal del prójimo. Voy a misa, me rezo toditas las novenas habidas y por haber, lustro tu altar en la iglesia, le cambio las flores a la Virgen...
(Se escuchan campanas, vuelve el tono de oración.)
Y no nos dejes caer en la tentación
Y líbranos del mal. Amén.
Santa Isabel de las descendencias, ruega por nosotros
San Ramón de los partos, ruega por nosotros.
(Se pone súbitamente de pie y grita.)
¡Quiero tener hijos!
(Apagón, se enciende el proscenio con los santos con cara de dolor de oídos.)
SAN RAMÓN.- ¿Escuchaste?
SANTA ISABEL.- Hasta los sordos habrán escuchado, hombre.
SAN RAMÓN.- Está desesperada.
SANTA ISABEL.- Sí.
SAN RAMÓN.- Hay que hacer algo.
SANTA ISABEL.- ¿Qué?
SAN RAMÓN.- No sé, algún milagrito, está pidiendo hijos desde hace 20 años. Ya es hora...
SANTA ISABEL.- ¿Hora de qué? ¡No estarás pensando en un embarazo! ¡Tiene como 50 años!!!
SAN RAMÓN.- Por eso dije «milagro»; lo otro, podría habérselo hecho el marido sin nuestra ayuda...
SANTA ISABEL.- Eso, más que ayuda es tontería. ¿Dónde se ha visto, embarazada a los 50?
SAN RAMÓN.- En tu casa, querida... ¿cuántos años tenías cuando quedaste embarazada de Juancito?
SANTA ISABEL.- Esteee, por ahí... una mujer jamás dice la edad. (Molesta.) Deberías saberlo, pero claro, te criaste entre hombres, ¿qué más te puedo exigir?
SAN RAMÓN.- Hay que ayudarla.
SANTA ISABEL.- Sí.
SAN RAMÓN.- Darle fertilidad.
SANTA ISABEL.- No.
SAN RAMÓN.- ¿Por qué no?
SANTA ISABEL.- ¿Un bebé con ese marido?
SAN RAMÓN.- ¡Es un hijo de...!
SANTA ISABEL.- ¡Cuidado! Soy una dama, y santa además.
SAN RAMÓN.- Disculpe. ¿Qué pasó con todo el amor que se tenían?
SANTA ISABEL.- Se habrá ahogado en el alcohol: el fulano es una esponja.
SAN RAMÓN.- Cierto: vino, cerveza, caña...
SANTA ISABEL.- moscato, clarete, tinto...
SAN RAMÓN.- embarazo, no.
SANTA ISABEL.- Pensemos otra cosa...
SAN RAMÓN.- ¡No estarás pensando mandarle un perro!, ¿no?
SANTA ISABEL.- No, hombre. Otra cosa… los bebés son problemáticos: biberones, chupetes, pañales descartables.
SAN RAMÓN.- Insomnio.
SANTA ISABEL.- ¿Por qué no mandarle una hijita de 15 años?
SAN RAMÓN.- (Arma jaleo.) Pero, ¿estás soñando? ¿No era que queríamos ahorrarle quebrantos a la prójima? ¿Hay algo más problemático que un adolescente, sea hombre, mujer, animal o planta?
SANTA ISABEL.- Calma, hombre, si me dejaras terminar…
SAN RAMÓN.- ¡Pero es una locura!
SANTA ISABEL.- (Alzando la voz.) ¡Que me dejes terminar! Estoy pensando en una muchachita que justo en estos momentos necesita una mamá porque está sola y perdida. ¿Qué me contás?
SAN RAMÓN.- Perdón, yo nada sabía… ¿y dónde se perdió? (Con cierta duda en la voz.)
SANTA ISABEL.- (Algo molesta, rehuye responder.) Estee, por ahí. Venía huyendo porque se escapó.
SAN RAMÓN.- ¿De la casa?
SANTA ISABEL.- No, precisamente. No tiene casa.
SAN RAMÓN.- ¿Y la mamá?
SANTA ISABEL.- Es… huerfanita.
SAN RAMÓN.- Ah, pobrecita, ¿y de quién se escapó?
SANTA ISABEL.- (Le cuesta decirlo.) De Iluminada Riquelme, vivía en el Brasil y se escapó, ¿algo más quiere saber el señor?
SAN RAMÓN.- Entiendo… la tal Iluminosa es una tía, o una parienta.
SANTA ISABEL.- (Incómoda.) No, no es la tía.
SAN RAMÓN.- ¿Una amiga de la familia?
SANTA ISABEL.- Tampoco.
SAN RAMÓN.- ¿Y quién es entonces?
SANTA ISABEL.- Una… señora.
SAN RAMÓN.- ¿Y a qué se dedica la «señora»?
SANTA ISABEL.- Ah, eso no sé, yo no me meto en la vida ajena.
SAN RAMÓN.- (Siempre desconfiado.) Bueno, terminemos con los problemas… vamos a concederle esa hija de 16 años aunque yo no sepa quién es la tal Iluminosa...
SANTA ISABEL.- Iluminada.
SAN RAMÓN.- Iluminada Riquelme ni a qué se dedica ni…
SANTA ISABEL.- Ya. Así sea. Amén. Gloria a Dios.
SAN RAMÓN.- Gloria.
(De nuevo el Aleluia de Haendel y se apaga la luz sobre los dos santos… desde un rincón aparece Águeda que puede venir desde platea y avanza hacia el escenario en tanto se cambia el mobiliario para armar la sala de la casa de Angélica: dos mesas, una más grande en centro de escena y otra menor a un costado. Tres sillas cada una. Todo rústico como se puede esperar del ámbito rural. Cuelga un cuadro, un retrato de rostro severo mal pintado. Accesorios, Águeda llega a escena donde todavía está rezando Angélica y golpea las manos.)
ÁGUEDA.-
Ave María. ¿Quién? (Entra a la casa, miedosa.) Señora buena (Le dice a Angélica.) Estoy buscando a (Saca un papel arrugado del bolsillo.) Mi-ca-ela Se-queira. O Ama-ro Araú-jo, ¿sabe dónde viven? Estoy muy, muy cansada señora.. (Suspira hondo.) me llamo… me vienen persiguiendo, vengo de lejos, el sol está muy caliente, no me haga nada, soy buenita, téngame lástima por favor. Le pido por Santa Ana que tiene el manto bordado con estrellas allá en Livramento, para Brasil. Yo… yo sabía cantar ¿dónde estamos? Yo vengo de Santa Ana do Livramento. Yo siempre cantaba cuando tardaba en venir Andreo de Villasloas, el que me quiere de aquí hasta el cielo.
(Canta.)
En Santa Ana un pensamiento
Me está buscando bajo mi cama:
En Santa Ana do Livramento.
Sé que me quiere ese bandeirante
Porque en sus ojos tiene mis sueños:
En Santa Ana do Livramento.
Pero que aquellas no eran vidas,
Porque no es vida vivir mintiendo
En Santa Ana do Livramento.
(Termina de cantar se queda callada u se aprieta las sienes, luego cae desvanecida diciendo.)
ÁGUEDA.- ¡Mamá, mamita!
ANGÉLICA.- Angélica Dios mío. ¿Qué le pasó? (Corre hacia ella.) Ayúdenme por favor. ¿Qué le pasa? (La arrastra hasta una silla.) A ver hija, qué pasa… tome agua, ayúdenme. Pero ¿a quién le pido ayuda si vivo sola?
(Se apaga la luz y en proscenio aparece el Anunciador.)
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